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Hace dos (o tres) fines de semana nos desliamos la manta de la cabeza unas horitas antes y madrugamos para ir a visitar las ruinas de la
Villa Romana de Materno en
Carranque, Toledo, no muy lejos de casa. Y fué una experiencia muy recomendable. Teníamos noticia de su importancia por el estado de conservación de sus mosaicos, pero no pensábamos que fuera a ser tanta. Son perfectamente comparables a los de la
Villa del Cazale en
Piazza Armerina, Sicilia, y a los de la villa situada junto a la plaza de toros en Mérida (cuyo nombre no recuerdo ahora)

Lo primero que advierte el visitante es que la Junta de Castilla-La Mancha se ha tomado la restauración y la confección del parque arqueológico muy en serio. A la entrada del parque hay un aparcamiento estupendo desde el que se tiene una vista panorámica de la zona, pero que recomendamos no utilizar y avanzar unos metros más (vuestras rótulas nos lo agradecerán) para aparcar junto al bonito puente de tirantes, de madera y acero, que cruza sobre el Guadarama para introducirte en el parque, situado dentro de un bosquecillo.
El acceso son 4€ que se pagan con gusto y se realiza a través del elegante y cuidado centro de interpretación. En él están las consabidas muestras, maquetas, dioramas, sala de proyecciones con su reconstrucción infográfíca y responsable solícito en extremo. El parque contiene tres grupos de ruinas: La mansión de Materno, lo que llaman la Basílica y el ninfeo. No voy a explicar mucho de cada cosa. La basílica es un edificio (grande) que sin duda sirvió en su función religiosa a cada uno de los que iban pasando por la zona a lo largo de los siglos, hasta que a principios del XX los encantadores carranqueños la volaron con dinamita. Solo se conservan una pared, los muretes de separación y bastantes columnas de mármol, que son de una sola pieza, lo que indica la importancia del edificio. Han levantado dos de ellas para que el visitante se haga idea del tamaño del lugar. También un par de huellas de chancla romana en el cemento de la construcción, cuya imagen utilizan en los carteles para guiar al visitante. La pasarela metálica permite adentrarse un tanto en el edificio.

La villa tiene unos 1000 metros cuadrados y tiene la distribución habitual de estas villas, aunque es de época tardía (S. IV) Posiblemente tuviera várias alturas. Perteneció a Materno Cinegio, pariente de Teodosio, lo que le permitía el acceso a las magníficas canteras de mármol reservadas a aquel.

Prefiero no contaros mucho de los mosaicos porque estan allí para ser vistos. La inmensa mayoría están perfectamente conservados, y representan pasajes de la Eneida (¿era eso? Sinó me sé de una que me va a matar...) destacando el graciso mosaico de Océano, con antenas de langosta y pinzas de cangrejo, visible en la primera foto. También destaca la firma del orgulloso artista local que confeccionó los mosaicos, cosa poco habitual. Y no voy a contar mas. Os recomiendo que visitéis la web del parque, que explica las cosas mucho mejor que yo, y que lo consideréis como posibilidad para pasar el día en el campo. Incluso hay unas mesitas junto al centro de interpretación para comer.
Aquí tenéis todas las fotos de la excusión. Cuidado que son grandes y pesadas como el autor. Os recomiendo la 17.
